CARTA ABIERTA A LOS SANITARIOS, de Pablo Zumaquero

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Este post va dirigido a todos los sanitarios, especialmente a aquellos que en mayor o menor medida tienen voz en redes sociales, medios de comunicación, o que por su visibilidad tienen un alcance mayor y con ello una mayor responsabilidad en sus mensajes.


YA COMEMOS MUY MAL


Sabemos por algunos estudios como ANIBESo este de EJCN, y se confirma con la experiencia en consulta de miles de profesionales que la población consume altas cantidades y con una frecuencia muy elevada productos altamente procesados, altos en calorías, bajos en densidad nutricional, bajos en calidad de ingredientes, de difícil control de consumo por sabores y texturas muy agradables al paladar,… en definitiva, lo que podemos resumir como “comida basura”.


Sabemos que estos productos, por muchos motivos están aconsejados como de “consumo ocasional”, una definición bastante abstracta que sólo logra que una persona no tenga claro dónde está el límite real entre el abuso y el control. Esto genera que se sigan consumiendo sin control a la vista está.


Imaginad que sale un oncólogo por la tele diciendo que: “Fumar con moderación no causa cáncer de pulmón”. Quizás el oncólogo sepa que lo que dice es verdad, quizás sea plenamente consciente de que un cigarrillo al día no genere el desarrollo del tumor, pero sabe que es un producto que ya se consume, que es difícil controlar su consumo y que hay muchos otros problemas que tiene el tabaquismo a parte del cáncer. Además es la autoridad pública de salud y en quien confían los ciudadanos, es el que más credibilidad tiene.


Podemos debatir si el tabaco es más peligroso que la mala alimentación (o alcohol, o sedentarismo) pero no creo que sea productivo enredarnos en esa pelea absurda porque todos son factores de riesgo de la mayoría de enfermedades occidentales que nos están matando o destrozando nuestra calidad de vida.


La excusa de que el consumo de estos productos sólo causa daño si se consumen de forma abundante y frecuente ya no nos sirve, ya se hace así, por lo tanto ya hemos provocado el problema, ahora habrá que solucionarlo.


MENSAJE PÚBLICO / RECOMENDACIÓN PERSONAL


“Hay que comer de todo con moderación” “Por comerte un… no te vas a morir” “Hay mucho talibán por ahí que dice que no se tomen…” “La cuestión es la cantidad que se coma de…” “¿Pero qué pasa que no se va a poder comer nada?” Y así podría seguir un rato…


¿Somos conscientes del mensaje de salud pública que se está lanzando con estas frases? La población, que ya tiene problemas de control de consumo de estos productos, se va a agarrar a esa frase para excederse aún más. Exigir moderación a un consumidor, cuando no le damos ninguna herramienta ni ayuda para moderarse es muy hipócrita. Esto no hace más que perpetuar y ampliar el problemón enorme que tenemos de obesidad y patologías derivadas.


Es muy diferente el mensaje que lanzamos en medios sociales del que acordamos en consulta con un paciente. Ya asumimos que el paciente va a comer estos productos, casi con total seguridad no los va a abandonar, y más en el ambiente obesogénico en el que vivimos. Como la adherencia al tratamiento sería mucho menor, en consulta acordamos unas frecuencias concretas de consumo con los pacientes en base a sus patologías, objetivos y marcadores de salud.


Pero esto no tiene nada que ver con un mensaje en redes sociales o medios de comunicación, donde no podemos valorar ningún factor del receptor del mensaje sin dar ninguna aclaración, ni ningún matiz sobre cómo, dónde, cuándo o cuánto consumir de esos productos. En consulta, antes de acordar el consumo, se explican extensamente los riesgos, y se negocia con el paciente un consumo limitado (y si es posible, el abandono de algunos productos)


Por lo tanto, por favor, evitemos ya seguir con el eterno debate de “pero nadie va a dejar de comer… porque se lo digamos” por favor.


LOS MOTIVOS


Cuando se observan todos estos datos, y aun así vemos día tras día que hay muchos profesionales sanitarios que siguen lanzando estos mensajes, sólo se me ocurre que hay 3 motivos por los que puede suceder esto:
  • Ignorancia: En el sentido de desconocimiento del riesgo real que puede provocar el consumo de estos productos.

  • Beneficio: Beneficios económicos o no económicos directos o indirectos. Esto es de sobra conocido, podéis echar un vistazo al documentode nuestros amigos de VSF
  • Otros: Despreocupación por la salud de la población o menosprecio del daño real del consumo de estos productos.


Y YA EL FINAL


Y termino con una petición. Si los sanitarios no tenemos un mensaje único y claro, perdemos credibilidad y confianza en la gente. Ven contradicciones y no se fían de nosotros. Ante el problemón que tenemos encima, si de verdad os importa la salud pública, tendremos que estar unidos en el mensaje.


Un saludo


Este artículo lo ha escrito mi compañero Pablo Zumaquero, al que podéis encontrar en Facebbok y Twitter. Y pasando consulta en su Centro en Segovia.

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